jueves, octubre 03, 2013

"Educación, no coaching", entrevista a José Fernando Isaza

Para el exministro José Fernando Isaza, la curiosidad y una sensibilidad para entender el momento son las herramientas de un líder. Es posible formar líderes para el futuro, pero no como muchos piensan.


A José Fernando Isaza no le gusta la palabra “liderazgo”, sin embargo, la ha padecido en casi todas sus formas: en la política, como ministro; en la empresa privada, como presidente de Mazda; en la academia, como rector de la Universidad Jorge Tadeo Lozano; en los medios, donde aún es un afilado columnista y emprendedor. Para él, el liderazgo no puede ser una asignatura ni tampoco se certifica con un diploma, pero sí cree que el éxito de los líderes del futuro está en la educación que reciban.


¿Por qué necesitamos líderes?


Me gusta que hable de líderes y no de liderazgo. Líder es una persona capaz de hacer una transformación radical en una sociedad y hacerla avanzar. El error consiste en creer que esas personas se hacen tomando un curso de liderazgo, de coaching, que cuesta un millón de pesos e incluye libreta y lapicero. A veces dan almuerzo. Eso desgastó la palabra.


Los líderes son importantes no solo en el campo político. En el Renacimiento, los grandes líderes fueron artistas y científicos y lograron modificar el concepto del hombre. En vez de pensar que debemos estimular el liderazgo, lo que debemos es estimular el conocimiento y la capacidad de profundizar en un tema.


A Javier Solana, presidente y líder por muchos años de la Comunidad Económica Europea –físico como yo–, le preguntaban cómo había logrado construir esa unión. Él respondía: “Leí lo que había que leer cuando tenía la edad para leerlo y entendí lo que tenía que entender en el momento indicado”. Es decir: miró, pensó y entendió. Creo que hemos olvidado la importancia de la educación. Que una persona a los 18 años se siente a analizar un problema, así probablemente no pueda resolverlo. Eso ya no nos gusta. Hay que ser competitivo, proactivo y otras palabras de moda. Un líder es quien se muestra capaz de entender el momento. Y la iluminación no llega si no hay buena información. Ser líder es también mirar con otros ojos y una mente educada lo que otros no ven. Eso no es tan fácil.


Hay gente inteligente, erudita y bien informada que no da el paso para transformar la realidad, aunque la tenga bien diagnosticada. El líder tiene que querer serlo...


El intelectual entiende la situación. El líder es eso y además participa. En otras palabras, el intelectual avisa que hay un incendio, mientras que el líder corre a apagarlo.

martes, julio 02, 2013

El rediseño de Benjamin Villegas

¿Cómo capotea la crisis el dueño de la editorial independiente más exitosa y persistente de Colombia? Por Lorenzo Morales.

Foto: Camilo Rozo.

Benjamín Villegas duerme mal pensando en libros. En un libro sobre mariposas, en otro sobre el páramo, uno sobre pájaros, otro sobre Bogotá a vuelo de pájaro. Coge ideas del aire o de oídas y las garrapatea en libretas que deja tiradas en los taxis. Cada idea la vuelve una obsesión que empieza a tomar forma, peso y color en su oficina de la calle 82. Allí tiene un pequeño hogar autosuficiente que él mismo levantó, con baño y una especie de diván que puede hacer de cama y una mesa de juntas que puede hacer de comedor. No tiene escritorio de mandamás sino una mesa cuadrada con cuatro sillas. Las paredes son una muralla de libros.

Durante el día suele estar prendido al celular en su papel de telefonista ilustrado o un piso abajo, con sus diseñadores. “Ese color está muy saturado”, dice mientras revisa unas pruebas en pantalla. “Mire si le puede bajar un poco”. “Achiquite esa foto”, ordena, muy rolo, en su uniforme de trabajo: corbata y un saco en V de lana. “Súbale al carmelito”. Está pendiente de cada detalle, examina cada foto, lee cada texto, relee cada pie de foto. Con frecuencia es el último en apagar las luces y el?último en cerrar con doble llave, y a oscuras, la puerta de Villegas Editores. Por estos días también duerme mal pensando en el futuro de su empresa.

martes, septiembre 11, 2012

Un 'chat' sobre la prensa en Colombia con El Espectador

El periodista Lorenzo Morales es el curador de ‘Un papel a toda prueba’, la exposición que conmemora los 50 años de Andiarios y recopila más de dos siglos de la prensa en Colombia.

 ¿Cómo se resumen más de 200 años de periodismo escrito en Colombia?
Mostrando que, aunque muchas cosas han pasado desde las imprentas de tipos móviles en el siglo XVIII al Twitter del XXI, la esencia es la misma: contar la vida de una nación en un día.

¿Qué tan políticos fueron los primeros periódicos?
Tanto que cada político con ansias de caudillo era dueño de al menos uno. La prensa fue la mejor tribuna para hacer campaña, casi siempre anteponiendo la opinión a los hechos.

¿Cómo define la alianza entre periodismo y poder político que caracterizó al siglo XX?
Le respondo con una lista incompleta de periodistas que terminaron de presidentes: Juan Manuel Santos, Andrés Pastrana, César Gaviria, Alberto Lleras, Laureano Gómez, Eduardo Santos, Carlos E. Restrepo, Enrique Olaya Herrera, y sigue...

Estéticamente, ¿cuál cree que ha sido el mejor periódico de la historia de Colombia?
Mundo al Día, que circuló en la década de 1920 y costaba 5 centavos. Fue el primer tabloide exitoso en Colombia, con un diseño que incorporaba la fotografía con un verdadero criterio noticioso y no de simple adorno visual.

La mejor pieza de la exposición.
Por lo surreal, diría que una entrevista de 1992 a un militar orgulloso de haber asesinado a un periodista en la redacción del periódico, porque, según él, denunciar los maltratos a los soldados ofendía el honor del uniforme.

¿Y cuál es su favorita?
Una crónica en verso de Fraylejón (Federico Rivas Aldana) sobre los reporteros perezosos. Tiene un par de versos que dicen: “Esas cosas de las preguntas necias / tan sólo uno las hace / cuando no tiene tema / y ansía llenar cuartillas / de una fácil manera / y de modos muy cómodos / sin trabajar apenas / a costa de unas gentes / que a nadie interesan”.

¿De dónde surgió la iniciativa de realizar este recuento del periodismo escrito?
De una mezcla de buen juicio de Andiarios, que quería celebrar sus 50 años resaltando la importancia de la prensa en una democracia, con el interés de la Luis Ángel Arango y el apoyo del Centro de Estudios en Periodismo de la Universidad de los Andes.

Una experiencia para compartir durante la recopilación del material.
Fue impactante encontrar la caricatura premonitoria del asesinato de Bernardo Jaramillo Ossa, dirigente de la UP, en 1990. Ari dibujó a Jaramillo con una lápida en el cuello. Esa misma tarde lo mataron.

¿Cuál periódico hoy desaparecido le gustaría que volviera a resurgir?
Todos los satíricos, por su valentía y su humor punzante. Sus nombres resumen bien su talante: El Alacrán, El Fuete, La Guillotina... Los de sus redactores eran igual de inverosímiles. Uno firmaba Críspulo Papamoscas y otro Cirilio Bocafuerte.

En las piezas de la colección, ¿con qué chivas que hoy no se recuerdan mucho se encontrarán los asistentes?
¡Hay muchas, pero con esta el país lleva ‘chiviado’ casi 100 años! En 1920 el periódico Gil Blas denunció cómo el gobierno nacional estaba regalando a los ingleses las minas de oro de Marmato en Caldas. Hoy día seguimos en las mismas.

Tres fotografías para recordar siempre.
La del incendio de la Torre Avianca, la de los sobrevivientes de Armero y la del fusilamiento de los acusados de atentar contra el presidente Rafael Reyes en Barro Colorado.

Cinco reporteros que pueden enseñarles a los periodistas de hoy.
Marco Tulio Rodríguez, que se acordó de los olvidados; Germán Castro Caycedo, que puso el relato al servicio de la investigación; Gerardo Reyes, que no le teme a los poderosos; Silvia Galvis, que creyó en la prensa regional, y Gabriel García Márquez, por casi todo lo anterior y más.

A partir de las siguientes características, ¿a qué periódico y en qué período de la historia atribuiría esa condición?

Capacidad investigativa
El Tiempo y su equipo de investigadores de los años 70.

Influencia nacional.
Todos han tenido su momento estelar. A unos les duró un día, a otros cien años.

Para conservar.
Toda la saga del misterioso asesinato de Eva Pinzón en 1922, publicada en El Nuevo Tiempo, el primer periódico colombiano posterior a la Guerra de los Mil Días.

Para ver el artículo en El Espectador, haga clic aquí.

martes, junio 05, 2012

Colombia's Agribusiness: "Product of Elsewhere"

by Lorenzo Morales

Local markets are one of the more quintessential Colombian scenes. Strolling through one, a visitor will find colorful and juicy fruits, aromatic species and herbs, fresh produce and diary. Due to its tropical location, Colombia is privileged to be able to produce these goods all year long. But today most of these products come from abroad. In Bogota's Corabastos, the largest wholesale market in Colombia and second-largest in Latin America, it is hard to find the label "Product of Colombia."

Beans, lentils and chickpeas come from Canada and the United States. Canned sardines and tuna are products of Ecuador and Peru. Apples, prunes, cherries, and peaches arrive from the U.S and Chile. Garlic and onions are from Japan and Mexico.

Even bocachico and bagre, two landmark fishes from the Magdalena River, now come from Argentina and Vietnam. Or even coffee, Colombia's most famous export and international trademark, is imported for domestic consumption.

The picture is worsening for local producers. Last week the government revealed that the country’s food imports climbed 52 percent in the first trimester of 2012 versus the same period last year—from 253 tons to 385 tons. The most dramatic rise in imports included milk, whey and dairy products, skyrocketing 543 percent. Sugar imports jumped by 217 percent.

Why is this happening? Not even local officials seem to know. Luis Fernando Salcedo, head of the Cámara Gremial de la Leche, a local daily producers’ guild, told the Colombian business newspaper Portafolio, “I don’t have any explanation for this increase,” adding, “My guess is that the Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales [Colombia’s customs administration] is not controlling the approved import quotas."

sábado, mayo 05, 2012

Receding

Deforestation had once been national policy, but farmers in the Amazon are now being asked to undo the damage. By Lorenzo Morales.

 "LOOK, THIS IS THE PIT OF JATOBÁ and this is of guanandi,” said Santino Sena, a man with gnarled hands collecting native seeds that had floated to the surface in a swamp in the jungle of Canarana, a municipality of Mato Grosso in west central Brazil.


Sena, who once made a living chopping down trees, is one of 300 workers in the area paid to collect seeds of native Amazonian forest plants for reforestation. The municipality supports a nursery and brokers the sales to farmers who buy the seeds. It’s a growing market: between 2007 and 2010 the sale of forest seeds for reforestation in Brazil quadrupled.

“Before, I didn’t think twice—and now it hurts if I cut a tree,” said Sena. He owns a house, a small Fiat and a motorbike that he paid for in part with seeds. In a year, he can earn up to R$10,000 ($6,000). The seed market is now moving onto the Internet. And it’s just one arm of recent reforestation efforts in Brazil, a country that for many years had the highest rate of deforestation in the world.

Vast red-dirt roads pave the way to the new agro-industrial frontier in Mato Grosso. The landscape is breathtaking. On one side of the road sits pastureland populated by cows that raise their heads to follow the passing cars. On the other side of the road, industrially planted soy mega-crops stretch to the horizon, forming perfect geometric patterns. Occasionally, a patch of forest breaks the monotony, a reminder that this land was once part of the world’s largest rainforest.

Deforestation of its Amazonian rainforest—host to one third of the world’s tropical forest—is largely to blame for Brazil’s status in 2005 as the third largest emitter of greenhouse gases in the world, if land use is taken into consideration. Faced with such a reputation, as well as pressure on the international stage, at gathering like the UN climate change summits, the Brazilian government was pushed to take action.

In 2003, under former president Luiz Inácio Lula da Silva, the government began to enforce long-neglected forest laws, one of which deemed that money could be withheld from states that failed to either prevent deforestation or ban the sale of products grown in illegally deforested areas. The government used satellite imagery to monitor lawbreakers, sent in police to raid illegal loggers and black-listed municipalities with the worst deforestation records. The strategy paid off: in six years, the rate of deforestation had fallen by 70 percent.

martes, abril 03, 2012

Mighty agro-lobby threatens reforestation of Amazon

The clash between the forest and the soja fields. Photo: L. Morales
Brazil has dramatically slowed down the rate of Amazon deforestation in the past six years. But restoring the swathes of rainforest is another huge challenge – and one that is meeting powerful political opposition. By Lorenzo Morales.

Vast, red, dirt roads pave the way to the new agro-industrial frontier in Matto Grosso, in the centre of Brazil. The landscape is breathtaking. On one side of the road, the pastureland is populated by a few cows which raise their heads to follow the passing cars. On the other side of the road, industrially-planted soya mega-crops stretch to the horizon, forming perfect geometric patterns. Occasionally, a patch of forest breaks the monotony, a reminder this land was once part of the world’s largest rainforest.

Deforestation of its Amazonian rainforest – host to one third of the world’s tropical forest – is largely to blame for Brazil’s status as the biggest emitter of greenhouse gases in Latin America. For many years it had the highest deforestation rate anywhere in the world but international pressure and domestic mobilisation finally forced the Brazilian government to act.

The government of the former president Luis Inacio Lula da Silva began to enforce long-neglected forest laws. This allowed him to withhold money from states which failed to prevent deforestation, and to ban the sale of products grown in illegally deforested areas. The government used satellite imagery to monitor lawbreakers, sent in police to raid illegal loggers, and black-listed municipalities with the worst deforestation record. The strategy paid off: in six years the rate of deforestation had fallen by 70 per cent.

Things have been turn upside down”, said Valmir Schneider, a soya farmer in the town of Querencia, a soya production region in the Amazonian state of Mato Grosso. “First they asked us to come to these lands and now we are the villains for turning it productive.

Schneider moved here from Rio Grande do Sul, a southern state with a large German migrant population in the 1980s during a government-sponsored colonisation programme. Deforestation was national policy then in a bid to populate the far-flung Amazonian jungles, which the government then regarded as unproductive. The scattered groups of indigenous people living in the Amazon were seen as savages and not treated like Brazilian citizens.


lunes, marzo 12, 2012

Carta abierta a la revista Don Juan

En la edición de diciembre de 2011, la revista Don Juan publicó un artículo sobre la minería en el Chocó y el oro verde. Envié esta carta a la directora, Maria Elvira Arango, con quien conversé varias veces por teléfono. Al final en febrero publicaron una versión editada que eliminó varios puntos cruciales de mi reclamo. Aquí la publico en su totalidad.

Bogotá, enero 9 de 2012


Sra.
María Elvira Arango
Directora
Revista Don Juan
Casa Editorial El Tiempo

En su artículo “La gran mentira del Oro verde chocoano”, el autor Simón Posada utiliza y hace mención al documental radiofónico “El oro verde del chocó: una opción para la minería?" del que soy productor junto a Charlotte de Beauvoir. Igualmente cita un artículo, sobre el mismo tema, que escribí para BBC.

El artículo intenta explicar por qué el proyecto Oro Verde no es un proyecto ecológico y pone en entredicho la veracidad de ambos reportajes. Para hacerlo el autor aplica un ambientalismo ingenuo, falta al sentido de las proporciones y traiciona un principio elemental del buen periodismo: Posada nunca fue al Chocó, jamás visitó las minas y tampoco habló con los mineros.

Toda actividad minera es dañina con la vegetación e implica remoción de tierra, pero hay métodos menos destructivos que otros. Oro Verde no utiliza mercurio ni cianuro, tóxicos que contaminan cultivos y fuentes de agua. Esos tóxicos producen daños en el sistema nervioso de los seres vivos, daño renal y malformaciones en los fetos. Por eso, y más, la ONU le entregó en 2010 el premio mundial SEED, reconocimiento notable que el artículo no menciona.

Escribe el autor en un aparte: “Sin embargo, pocos advierten que, por más ecológico que sea, Américo tuvo que talar árboles y derrumbar montañas y alterar la capa vegetal. Lo hizo con pico y pala y machete, herramientas ancestrales, pero, al fin y al cabo, lo hizo”.

El proyecto no pierde su carácter verde y sostenible, como sostiene el autor, porque, Américo Mosquera, un minero artesanal, tenga que cortar árboles con machete o remueva tierra de su lote. Calificar el proyecto de "mentira" por eso, es juzgarlo con la mirada de un jardinero.

Si Posada hubiera ido al Chocó hubiera advertido la diferencia notable entre una mina hecha con canalones y terrazas de piedra, como la de Américo, y una abierta con retroexcavadoras. Mientras una mina de canalón deja un cicatriz de unos cuantos metros cuadrados, la de una mina de retroexcavadora deja un cráter de piedras y lodo de varias hectáreas. Con la primera vive una familia por varias generaciones. Con la segunda, de la noche a la mañana, se hace rico un advenedizo.

Posada me cita diciendo: “"Américo, de 53 años, apila la tierra que remueve de su mina en terrazas donde las plantas crecen de nuevo. Así, las zonas que ya han sido explotadas vuelven a cubrirse de vegetación, como una cicatriz que poco a poco se va cerrando", escribe el periodista Lorenzo Morales para la BBC, sin aclarar que las terrazas de Américo no son de tierra sino de roca pura, como pirámides mexicanas en las que nunca podría crecer un árbol.”

Nadie dijo que en esas terrazas la vegetación se recuperara en cuestión de semanas, como quizás ocurra al escupir las semillas de una mandarina en la matera de un apartamento en Bogotá. Tampoco la vegetación crece sobre los muros de piedra de las terrazas, pero sí en lo que ellas sostienen.  En la minas sin terrazas que el autor no visitó la erosión arrasa miles de hectáreas de bosque cada año.

No creo que Oro Verde sea un proyecto perfecto. En el artículo de BBC y en el documental mostramos también los problemas de esta iniciativa. Por ejemplo, su escasa producción y cómo muchos mineros del programa tienen que vender el oro al mejor postor, incluidos intermediarios de grupos armados, pues, la minería artesanal es una economía de subsistencia, es decir donde se trabaja para pagar la comida y los gastos del día.

Mostrar los logros de un grupo de mineros que trabajan en un contexto adverso es menos sensacional que hacerlos pasar por farsantes. Por eso, por los problemas de fondo el autor pasa de largo. En actitud de turista, y no de reportero, Posada escribe: ¿Cómo hicieron para llegar hasta allí [las retroexcavadoras] y cuál es el papel de los grupos armados ilegales en este negocio? La pregunta no tiene respuesta (…)”. Resulta que sí la tiene, y ofrecerla hubiera sido el trabajo de un reportero. Pero para eso, de nuevo, hay que ir al Chocó y hacer la tarea. O, al menos, citar en su artículo, también, otros apartes de nuestro reportaje o de tantos otros que se han escrito al respecto, incluso en The New York Times.

Cordial saludo,


Lorenzo Morales

lunes, marzo 05, 2012

La tenaza del Amazonas

Brasil está a punto de redefinir el frágil balance entre expandir su frontera agrícola y preservar sus bosques. Las consecuencias se podrían sentir en todo el mundo. Reportaje desde el corazón de la selva hasta la megaindustria de la soya. Por Lorenzo Morales.

Para inspeccionar una de sus plantaciones, Neuri Wink se tiene que acomodar varias veces el sombrero. Sus ojos claros toleran mal la intensa luz del trópico en un día sin nubes. No hay árboles que den sombra y para encontrar uno hay que andar varios kilómetros.

Wink hace parte de los miles de gauchos que en los años setenta colonizaron las selvas vírgenes de Mato Grosso, auspiciados por el gobierno militar. Por una hectárea que dejaran en las pampas del sur, podían obtener hasta 200 en el Amazonas, una selva sin dueño, improductiva y que parecía inacabable. Cuando Wink llegó con su tractor, deforestar era una política nacional. El problema es que ahora es un delito.

"Lo único que he hecho en los últimos 25 años es hacer mi trabajo de agricultor", dice Wink, mientras recorremos una parte de las 1.400 hectáreas de su hacienda en el municipio de Querencia, hasta hace poco uno de los focos críticos de deforestación del Brasil.

Para llegar hasta su finca hay que andar por extensas carreteras de tierra roja. El paisaje desafía cualquier idea idílica de lo que es el Amazonas: a un lado, inmensos potreros con unas cuantas vacas (el promedio es menos de una res por hectárea). Al otro, la geometría perfecta de los megacultivos mecanizados de soya que se extienden hasta el horizonte. De vez en cuando, un parche de bosque interrumpe la monotonía para recordar que estamos en lo que alguna vez fue parte de la selva tropical más grande del planeta.

Ese nuevo paisaje, a la vez aterrador y hermoso, le ha permitido a Brasil convertirse en una importante despensa del planeta: es el mayor exportador de carne del mundo y el segundo de soya, después de Estados Unidos. Hace apenas 40 años importaba su comida.

En la propiedad de Wink, apenas un tercio de la selva sigue en pie, pese a que el actual código forestal -una ley de 1965 que estableció cuotas de conservación- le exige preservar el 80 por ciento. El gobierno reconoce que, como Wink, solo uno de cada diez agricultores del Brasil cumple con la ley.

El Amazonas brasilero representa un tercio de la selva tropical que queda en el planeta. Lo que haga o deje de hacer con sus selvas sienta un precedente importante para el resto de países amazónicos, entre ellos Colombia. El clima extremo de inundaciones y sequías, como las que viene padeciendo el país, tiene una conexión directa con la política de bosques.

Consciente de eso, el gobierno de Lula da Silva, después de años en que la ley era un trozo de letra muerta, inició una intensa campaña para obligar a los hacendados a reforestar lo que habían talado. Su ministra de Ambiente, Marina Silva, rastreó a los infractores con satélite, impuso multas, desplegó intimidantes redadas policiales y publicó una lista negra de los municipios que más talaban. La estrategia dio sus frutos: en los últimos seis años la tasa de deforestación cayó 70 por ciento.

"Nos sentimos acorralados -dice Wink- ¿Por qué a nosotros, que llevamos este país sobre los hombros, nos restringen trabajar nuestra propiedad?".

jueves, marzo 01, 2012

La otra cara de la lucha contra el cambio climático

Una iniciativa global para contener el calentamiento está abriendo la puerta a la especulación y al despojo de tierras. Por Lorenzo Morales (Panos London).

La deforestación representa el 20% de las emisiones globales de CO2 a la atmósfera, por lo que la conservación de los bosques es una prioridad para contener el Cambio Climático. Un mecanismo conocido como Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación (REDD) ha estado en el corazón de las negociaciones de Naciones Unidas durante estas semanas en Sudáfrica. Su fórmula es simple: los países ricos pagarán a quien preserve o restituya bosques, compensando así su responsabilidad en la emisión de gases nocivos a la atmósfera.

Este mecanismo tiene un doble interés para los países amazónicos. Por un lado, albergan una importante porción del bosque natural del mundo y, por el otro, su proceso de deforestación avanza a pasos de gigante. En Colombia, por ejemplo, desde 2005, el país destruye, en promedio, 238 mil hectáreas de bosque natural al año, según reveló esta semana el Programa de Monitoreo de Deforestación del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia (Ideam). Esto equivale a perder 27 hectáreas de bosque cada hora. "La deforestación sigue creciendo y requiere de toda una batería de acciones urgentes para controlarla", reconoció su director, Ricardo Lozano.

Siga leyendo la hisotria en el diario El Mundo de España.

domingo, febrero 05, 2012

Down in the Dark

Accompanying a Colombian Miner on His First Trip Underground Since an Accident Killed His Brother. By Lorenzo Morales and Anna-Katrina Gravgaard.
Under a small icon of Jesus, surrounded by his seven children, Floresmiro Olaya gulps down a breakfast of potato broth and hot chocolate. He’s going back to work today, barely six weeks after a coal mine explosion high up in the Andes mountains of Colombia killed his brother and four friends and left him the lone survivor. When she heard about the accident, Floresmiro’s then-pregnant wife, Estelle, went into shock and gave birth prematurely. The infant, who has not yet been named, is lying on a blanket on his parents’ bed. He lets out a wail. Floresmiro’s oldest child, Michael, picks him up. The father watches.

“The first thing I did when I woke up this morning was to ask God to protect me,” he tells us.
Floresmiro is a jovial 34-year-old, nearly six feet tall, with round, freckled cheeks. Today he’s dressed in grey overalls, jeans jacket, and yellow rubber boots with newspapers wrapped around his feet instead of socks. All the miners wear newspapers around their feet, which they change during lunch break, to keep their feet dry. As we walk out into the cold, misty spring morning, he talks about the accident at the La Escondida mine near the small town of Sutatausa in Cundinamarca district. With every day that passes he remembers new details about the February tragedy.

Floresmiro was halfway down the mine when the blast occurred and the impact threw him clear of the mineshaft. Mine inspectors later said that the explosion was caused by accumulated gases. The molehill-like mine, one of several illegal mines that pockmark the Peñas del Boquerón mountainside, lacked proper ventilation, collapse shelters, and other safety precautions. Floresmiro says it had never been inspected before the accident.

After the explosion blocked the entrance to the mine, locals heard a bell ringing inside, the same one that miners use to signal that the coal cart is loaded and ready to be pulled up the mine shaft. There were survivors down there. Floresmiro imagines it was his brother pulling the string. He imagines him surrounded by dead comrades, slowly suffocating in the darkness.

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